.. .....

Sobre la autora
Libros
Artículos publicados
Pensamientos
Regalos para crecer
Enlaces
CONTACTO


Dejar de competir con uno mismo
Dejar de sufrir por pequeñeces
Liberarse de las obsesiones
....(incluye TEST)
Viajar sin miedos
Seis pasos para ser más positivos

 

Liberándonos de
hábitos autodestructivos

 

Dejar de competir con uno mismo

...Si tuviésemos la oportunidad de preguntarle a un monje zen qué opina acerca de la competitividad, probablemente aludiría a todos los efectos dañinos que esta actitud provoca en nosotros, según su filosofía. Ya que para el zen no es tan importante el lugar adonde se va como el lugar donde uno está. La virtud estaría, según este planteamiento, en la ausencia de objetivos, en la vaciedad , refiriéndose ésta a la vida vivida sin finalidad.
...En Occidente, sin embargo, han llegado a ser casi sinónimos los conceptos de “competente” y “competitivo”, como si para demostrar una determinada competencia hubiera que medirla, compararla y comprobar si merece un lugar en nuestro podium.
...Aristóteles decía que “la virtud está en el justo medio entre extremos”, en el equilibrio… en el camino del medio. Quizá no haga falta, por tanto, elegir entre vivir obsesionado con nuestras metas y verse obligado a no tener ninguna, ya que los deseos también estimulan nuestro crecimiento. Bastaría con ser honestos con nosotros mismos y reconocer cuándo nuestra actitud:
es sólo una muestra más de un proceso natural de superación personal, en el que comprendemos y aceptamos nuestras limitaciones, pero nos apoyamos en nuestros puntos fuertes para seguir creciendo. O hemos hecho de la competitividad nuestro estilo de vida.

POR QUÉ SOMOS COMPETITIVOS

...La conducta competitiva (ya sea dirigida hacia los demás o hacia uno mismo) se asienta en 3 pilares fundamentales:

...El primer pilar lo constituyen la identificación y el apego y se remonta a nuestros primeros años de vida. Durante éstos, recordaremos que, aunque egocéntricos por naturaleza, poníamos todo nuestro empeño en conseguir fuera de nosotros todo lo que necesitábamos: amor, atención, aprobación, cuidados… Para ello, inconscientemente, íbamos probando todo tipo de comportamientos con el fin de poder tener algún control sobre el mundo que nos rodeaba. Así, crecimos siendo niños responsables, o bien indómitos, o quizá débiles… o competitivos. Todo valía para obtener lo que en realidad se reducía a una mera lucha por la energía. De la misma manera, nos hemos hecho adultos en un entorno que da prioridad a nuestra individualidad, malentendiendo ésta como aquello que nos hace superiores y, por ello, únicos. Es como si para ser, el otro tuviera que no-ser, es decir; afirmamos nuestra esencia negando la del otro.
...En este proceso nos identificamos con una imagen y un rol de nosotros mismos, en el que se incluyen nuestras capacidades y nuestros logros. Y nuestro apego a esta imagen, unido a nuestra necesidad de control y de sentirnos seguros hacen que la defendamos con gran ardor, pues tal es el poder que le atribuimos a nuestra supuesta “tarjeta de presentación” ante el mundo.

QUERER LO QUE NO SOY

...El segundo pilar hace referencia a la idealización , que a su vez se asienta en un profundo menosprecio hacia nosotros mismos, ya sea patente o encubierto. Vivimos en la ilusión de que con otras personas seríamos más felices, que otro trabajo nos realizaría más, que otro cuerpo nos haría tener más éxito, que otro lugar nos haría sentir más plenos… y luchamos y competimos por ello. Se nos ha enseñado que es imprescindible plantearnos sueños, objetivos, metas… ideales. Parecemos el caballo que corre más veloz cuando se le pone delante una jugosa zanahoria… pero sin darnos cuenta de que somos al mismo tiempo el caballo y el jinete que le pone la zanahoria (y muchas veces sin saber siquiera si la zanahoria nos gusta o, simplemente, si tenemos o no apetito…). Así pues, vale la pena preguntarse si podemos ser felices si no se cumplen nuestros ideales. Algunas personas no pueden, por lo que los ideales se terminan convirtiendo en un obstáculo en sus vidas. Pero otras sí pueden, por lo que descubrimos que los ideales, aun siendo estimulantes, no son realmente necesarios. No existe ninguna persona o situación que nos dé la felicidad. Porque la felicidad no es una circunstancia, sino un estado del ser, una actitud ante cada acontecimiento de nuestra vida.

...El tercer y último pilar es quizá el más desconocido, pero es uno de los más importantes: la dualidad . Con ello quiero referirme a nuestra manera dual de percibir el mundo: yo frente a los demás, el Bien frente al Mal... Si alcanzásemos a comprender que existe un solo mundo, complejo pero sólo uno… si entendiésemos que todo forma parte de lo mismo y que los opuestos se necesitan mutuamente para existir y son complementarios... dejaríamos de pelear por nuestro “lugar en el mundo”, sabiendo que hay espacio y amor para todos los seres. Y, sobre todo, relajaríamos nuestras defensas y desaparecería nuestra hostilidad hacia todo lo que antes considerábamos amenazante, ya que miraríamos con profunda compasión las limitaciones del otro, pero también con verdadera admiración y agradecimiento sus grandezas, porque también forman parte de nosotros y nos elevan.

COMPETIR ES LIMITARSE

...Las consecuencias de mantener de manera continuada una actitud competitiva son fatales, sobre todo para nuestro autoconcepto, que sufre por los efectos de:

•  La inseguridad y la pérdida de autoestima, pues la comparación constante hace que “perdamos nuestro centro”.
•  La ansiedad en el proceso de consecución de nuestros objetivos.
•  La frustración ante lo que consideramos un fracaso.
•  El vacío, la desorientación o la desazón vital cuando nos quedamos sin objetivos.
•  La ira, porque en nuestra búsqueda obsesiva por destacar nos convertimos en jueces críticos e implacables de nuestras limitaciones y de una realidad que no aceptamos.

...Pero ¿cómo podemos transformar , entonces, nuestro afán por competir? Pues, sobre todo, cambiando el foco : llevando nuestra atención de fuera a dentro, es decir; contemplándonos SÓLO a través de nuestros propios ojos (de nuestra evolución, de nuestros aprendizajes, de nuestra satisfacción vital…). De este modo, algún día nos descubriremos disfrutando del hecho de compartir nuestro ser y nuestras capacidades con los demás, al tiempo que disfrutamos de las suyas. Porque pocas cosas proporcionan mayor libertad que no tener que demostrar nada a nadie, ni siquiera a nosotros mismos…

SER TU PROPIO REFERENTE

APRECIA TUS VIRTUDES

...Todo lo que somos es esencialmente positivo, como afirma Antonio Blay. Cierto es que algunas de nuestras cualidades están más desarrolladas que otras, pero la cualidad en sí es algo positivo. Mientras no vivamos lo que tenemos como positivo, no podremos hacerlo crecer, pues las personas crecemos sobre nuestros puntos fuertes.

MIRA LO BUENO QUE HAY EN TI

...Si las buenas cualidades que observamos en los demás las admiramos y las deseamos para nosotros es porque en nosotros, en algún grado, ya están. De lo contrario, no tendríamos la capacidad para comprenderlas, reconocerlas y valorarlas en el otro. Esas cualidades existen en nosotros, aunque sea sólo en forma de semilla, y están reclamando que las “actualicemos”, que las desarrollemos.

ACTUALIZA TUS CUALIDADES

...Como Blay defiende, hemos de “actualizarnos” a través de la expresión y la experimentación. A través de nuestras experiencias “actualizamos” nuestro autoconcepto y nuestra autoestima y nos damos a nosotros mismos la posibilidad de expresar las cualidades que creemos nos definen y otras muchas que han podido permanecer en la sombra.

ÁBRETE A LAS EXPERIENCIAS

...Lo que pensamos de nosotros tiene más fuerza en nuestras vidas que lo que experimentamos, ya que nuestro cúmulo de experiencias, aunque sólo sea en número, es tremendamente inferior respecto al de ideas y pensamientos acerca de nosotros mismos. Por ello, cuantas más y más variadas experiencias afrontemos, más partido podremos sacarnos. Porque nuestras experiencias son más reales que nuestras ideas, que sólo existen en nuestra mente.

RELATIVIZA EL FRACASO

...Y experimentemos sin miedo porque el fracaso no existe. El fracaso en realidad tan sólo refleja nuestras ideas preconcebidas acerca de cómo deberían desarrollarse las cosas, por lo que denominamos fracasos a los resultados no esperados.

DESAPÉGATE DE TU IMAGEN

...Liberémonos también desapegándonos de la imagen que tenemos de nosotros mismos, pues en realidad no tenemos una sola autoimagen sino miles, tantas como actividades realicemos y como relaciones mantengamos. Si interpretamos la vida, en este sentido, como un enorme vestuario donde nos ponemos el traje que corresponde en orden a representar bien el rol que está a nuestro servicio (y no viceversa), viviremos con mucha más ligereza y con menos competitividad.

SÉ EL PROTAGONISTA

...Preguntémonos quién elige realmente nuestras metas y si el logro de éstas es realmente necesario o no en nuestra vida. Quizás así nos hagamos conscientes del peligro de convertir nuestra vida en una carrera de vallas reales… o imaginarias.

UN CUENTO EJEMPLAR

. ..Y, sobre todo, recordemos que cada uno de nosotros somos originales y únicos por el mero hecho de estar aquí, como la fresia de cierto cuento:

...Un rey paseaba por su jardín cuando descubrió que todos sus árboles y flores se estaban muriendo. El roble le dijo que se moría porque no podía ser tan alto como el pino. El pino se dejaba caer avergonzado de no poder dar uvas como la vid. La vid se moría de envidia por no poder florecer como la rosa. Y la rosa lloraba por no ser tan fuerte como el roble.

...Entonces el rey encontró una planta, una fresia, floreciendo más fresca que nunca.
- ¿Cómo puedes crecer tan saludable en medio de este jardín tan mustio? - le preguntó el rey.

- No lo sé - respondió la fresia - Quizá porque siempre supuse que cuando me plantaste querías fresias. Si hubieras querido un roble o una rosa, los habrías plantado. Así que intento ser fresia de la mejor manera que puedo.


Dejar de sufrir por pequeñeces

...La sensibilidad, como cualquier otra cualidad, es una virtud cuando se posee en proporciones equilibradas y un defecto cuando se lleva al extremo y se convierte en sensiblería. Es hermoso y humano ser permeable a los acontecimientos de nuestra vida y de nuestro entorno, en general. Pero si perdemos el control de nuestra sensibilidad, ésta puede volverse en nuestra contra… Sin embargo, esta actitud está muy aceptada socialmente. Parece que las cosas no nos importan si no sufrimos y nos preocupamos por ellas. Pero, ¿qué es en realidad preocuparse?

...Pre-ocuparse, en su sentido etimológico, es ocuparse de algo con anticipación. Es adelantarse con la mente a los hechos al mismo tiempo que, paradójicamente, solemos postergar el responsabilizarnos de los mismos. Y es que el bloqueo que nos produce la preocupación constituye una excusa perfecta para evitarnos el esfuerzo de pasar a la acción.

...Las personas que tienden a preocuparse en exceso sufren por todo aquello que les rodea que no se ajusta a sus esquemas, por lo que terminan preocupándose por cientos de cosas que cualquier observador externo juzgaría como nimiedades… Insignificantes pequeñeces que, sin embargo, les producen grandes angustias.

IDEALES Y REALIDAD

...El origen de este comportamiento se halla en nuestra compleja relación con la realidad. En concreto con nuestra falta de:

•  Comprensión de la realidad. En el Universo existe un Orden, aunque escape a nuestro entendimiento. Y a veces nos falta perspectiva para entender que hay ciertos acontecimientos que es necesario que sucedan porque tienen una enseñanza que mostrarnos. El Universo tiene preparado para nosotros, en palabras de Gerardo Schmedling, un Proyecto Educativo en el que los “problemas” que tenemos, son los “deberes para casa” que hemos de resolver para “aprobar el curso con éxito”.

•  Aceptación de la realidad. El sufrimiento siempre viene originado por la no aceptación de algo. Sufrir no arregla nada, es un mero indicador de todo lo que no somos capaces de aceptar. Cuanto más sufrimos, más apegados estamos a la idea de algo. De ahí que podamos definir los disgustos, coloquialmente, como lo que sentimos cuando la realidad nos lleva la contraria. Es la simple negación de una idea que teníamos, es la mera resistencia a la realidad. Pero las cosas suceden, las aceptemos o no, pues no tenemos control sobre todas las variables de nuestra vida. Realmente, en medio del temporal, sólo podemos controlar nuestra barca…

...Y visto su origen, ¿por qué mantenemos este comportamiento? Pues por lo que mantenemos todos: porque cumple una función en nuestra vida. Porque, de alguna manera, nos sirve. Todo lo que existe es necesario, porque de lo contrario, sencillamente, no existiría. Decir que es necesario es lo mismo que decir que tiene una función. No existen los actos gratuitos, todo comportamiento viene originado por algo. Y esa función que lo impulsa siempre responde a una necesidad de la persona, es decir, le resulta útil. En este caso, preocuparnos nos sirve para obtener una serie de retribuciones psicológicas, casi todas de tipo inconsciente, entre otras: eludimos responsabilizarnos y actuar, atraemos la atención de los demás, evitamos ocuparnos de cosas más importantes y que nos afectan más…

...Para dejar de sufrir, pues, por estas pequeñeces, lo más importante es diferenciar las cosas que podemos cambiar de las que no podemos cambiar.

...Cuando algo que nos preocupa podemos cambiarlo, la solución es fácil: no nos pre-ocupemos, ¡ocupémonos! Dejemos de darnos excusas y pongámonos en marcha. Hay muchas cosas que exigen nuestra intervención y participación activa, pues no se resuelven solas.

OCUPARSE DE UNO MISMO

...Y cuando no podemos cambiar aquello que nos preocupa, también podemos ocuparnos, pero esta vez de otros menesteres:

•  Mejoremos nuestra autopercepción. Dicen que si la adversidad es grande, el hombre es más grande que la adversidad… cuanto más si reconocemos que la adversidad es en este caso tan pequeña. Hemos de tener en cuenta que nuestra existencia es mucho más grande que lo que sucede en ella, por lo que somos demasiado importantes como para dejarnos perturbar por ciertas cosas.

•  Aprovechemos los obstáculos para fortalecernos. Es precisamente el esfuerzo lo que nos fortalece. Permitamos, por tanto, que las pequeñas cosas sirvan para ejercitarnos, no para debilitarnos.

•  Ampliemos horizontes. Salgamos de nuestras fronteras, tomemos contacto con otras realidades, adquiramos nuevas responsabilidades… así también evitaremos sobredimensionar nuestros pequeños sinsabores cotidianos.

•  Relativicemos. Establezcamos cuáles son las prioridades en nuestra vida y planteémonos con sinceridad qué sería lo verdaderamente terrible para nosotros.

•  Desdramaticemos. Quitémosle importancia a nuestros asuntos. Solemos resistirnos a ello porque vivimos identificados con nuestros problemas y, sobre todo, con el malestar que nos causan. Así, si le quitamos importancia a un asunto, sentimos que casi estamos negándonos a nosotros mismos. Por ello nos aferramos a esa angustia y, con ella, a la importancia que sentimos que nos confiere.

•  Distraigámonos. Pongámosle día y hora a nuestras preocupaciones: marquemos en la agenda, si es preciso, un día a la semana para preocuparnos por todos esos asuntos que nos restan energía cada día. Y el resto del tiempo, simplemente, neguémonos a dedicarles nuestra atención y distraigámonos con cualquier actividad positiva.

•  Practiquemos el humor. El humor no es algo simple ni ingenuo. Es una cualidad estrictamente humana, por tanto exclusiva de los seres inteligentes. El tomarnos ciertas cosas con humor es, por tanto, fiel reflejo de nuestra inteligencia.

...Y para terminar, adoptemos este viejo y práctico proverbio inglés que resume en pocas palabras el espíritu de este vivir libre de preocupaciones inútiles: “Si tu problema tiene solución, ¿por qué te preocupas? Y si no tiene solución, ¿por qué te preocupas?”.

8 PASOS PARA ROMPER EL CÍRCULO

1. DETECTA EL ORIGEN

  Aprende a identificar las creencias y circunstancias que desencadenan tu ciclo de la preocupación. Permanece atento a cualquier comentario ajeno, a cualquier pequeño suceso, a cualquier idea que se cruce por tu mente… que activen tu sensación de inquietud. Ser consciente es el primer paso para detener la espiral de pensamientos obsesivos. Y con el entrenamiento adecuado, podrás llegar a detener esta vorágine en sus inicios o, incluso, antes de que empiece a desarrollarse.

2. SÉ REALISTA

  Adopta una actitud lógica y realista ante las cosas que te preocupan y analiza con sentido común tanto las posibilidades reales de que ocurra aquello que temes como tu poder de acción para evitarlo. A veces sufrimos lo que los psicólogos denominan el “síndrome de la indefensión aprendida”, es decir, el hecho de autopercibirnos insignificantes y haber aprendido a reaccionar, en consecuencia, con miedo y debilidad ante cualquier situación.

3. DALE LA VUELTA A LA SITUACIÓN

  Plantéate la posibilidad de que ocurriera aquello que tanto temes y que tanto te preocupa y qué sería lo peor que pudiera pasarte al respecto. Es una buena manera de relativizar tus miedos y de descubrir, incluso, beneficios insospechados. Todo nubarrón tiene un borde luminoso: búscalo. Sé práctico y adopta para siempre en tu vida el célebre refrán español “no hay mal que por bien no venga”. Dale la vuelta a cualquier situación y sé tan hábil como puedas para encontrarle el lado positivo. Y siéntete sabio al decidir que puedes beneficiarte de todas las circunstancias de tu vida.

4. PREPÁRATE PARA LO MEJOR

  Ponte en lo peor, como decíamos, pero también visualiza lo mejor. Es decir, prepárate interiormente para las peores consecuencias que pueda acarrear cualquier acontecimiento, pero, al mismo tiempo, visualiza con confianza el buen desenlace del mismo. Esto, por una parte, reforzará tu fe en la Vida y, por otra, contribuirá a mejorar la imagen que tienes de ti mismo como una persona con una fortaleza a prueba de todo tipo de obstáculos.

5. RECUERDA ACCIONES PASADAS

  Elabora una lista de todas las cosas que recuerdes que te han preocupado a lo largo de tu vida y comprueba las que realmente se cumplieron, así como la influencia que tu preocupación tuvo en el normal desempeño de tu vida diaria y en el desarrollo de los hechos. ¿Acaso tuvo algún poder positivo tu inquietud? ¿o fue más bien negativo al ir minando tu voluntad y tu capacidad de disfrute?

6. SÉ CONSCIENTE DEL DESGASTE

  A través de esta misma lista, constata también la inutilidad y el desgaste físico que produce esta actitud. Obsérvate antes y después de tus preocupaciones: cómo se siente tu cuerpo y qué te indica, cómo está tu estado de ánimo… ¿eres más eficaz en tu desempeño cuando actúas movido por la preocupación?

7. HAZ LO QUE EVITAS

  Anota qué cosas de tu presente te pierdes al vivir preocupado y anota también qué cosas obtienes de tu actitud y qué cosas te evita hacer. Quizá descubras que preocuparte es un “gran negocio” para justificar tu pereza. Empieza a hacer aquello que postergas, pues iniciar algo que evitamos realizar nos ayuda a disipar nuestro malestar al respecto. Tómatelo como una disciplina, como un ejercicio de higiene mental para mantenerte optimista y feliz.

8. SÉ VALIENTE

  Y para finalizar, analiza lo bien considerado que está socialmente el preocuparse. Plantéate si eres capaz de desenvolverte en tu vida sin mostrarte preocupado, si soportarás las reacciones de extrañeza de los demás al observar tu serenidad ante los acontecimientos… o si por el contrario, cejarás en tu empeño porque es más fácil compartir, aunque sean malos hábitos, con el resto del mundo, que disfrutar a solas de una libertad que está reservada sólo para los valientes.

Liberarse de las obsesiones

  Llamamos manías a aquellos actos y pensamientos obsesivos que, aunque pequeños, menoscaban nuestra calidad de vida y la de las personas que nos rodean. Evidentemente, no me refiero aquí a las manías patológicas que sufren las personas con ciertos trastornos, sino a aquellas otras mucho menos obvias que pasan incluso por “normales”, de tan habituales que resultan en nuestro entorno.

  Aunque se cree que las personas más proclives a las manías son las personas mayores y aquellas que viven solas, lo cierto es que están arraigadas en una gran variedad de personas y cualquiera de nosotros puede “cazarse” en pleno “ritual maniático” cuando menos se lo espera: exigiendo un orden excesivo, una limpieza e higiene exagerada o tomando medidas de seguridad desproporcionadas y poco ajustadas a la situación de peligro real.

OBSTINADAS E INSIDIOSAS

  Si hay un rasgo que se repite en todas ellas, sin excepción, es el de la rigidez : una obstinación y dureza que nos lleva a convertirnos en verdaderas marionetas al servicio de nuestros inflexibles hábitos y de las creencias que los sustentan (bien sean éstas conscientes o inconscientes). Porque si algo tienen en común las manías con las creencias es que tienden a:

•  Ser muy resistentes a los cambios. Cuanto más tiempo practicamos una determinada manía, mayor es la resistencia a abandonarla, pues las personas preferimos adaptar la realidad a nuestros esquemas mentales, antes que adaptar nuestros esquemas y costumbres a la realidad. Parece infantil y egocentrista, pero solemos hacerlo porque es más cómodo controlar nuestro pequeño mundo exterior, que replantearnos nuestra forma de pensar y de actuar.

•  Generalizarse. De ahí que normalmente nuestras manías vengan acompañadas de otras similares. Por ejemplo, no es que nos mortifique el hecho de que todas las perchas de nuestros armarios no estén colocadas en el mismo sentido, ¡sino que también sentimos la necesidad de aplicar esta regla a las toallas, las corbatas y los discos! Porque el orden, e incluso el perfeccionismo, es algo estupendo para muchos. Pero cuando necesitamos actuar más allá de nuestra propia voluntad para calmar no sabemos qué extraña ansiedad, no sólo estamos perdiendo una parcela enorme de libertad, sino que generamos en los demás una inquietud que surge por el propio intento de aplacar la nuestra.

•  Retroalimentarse. Así como un nuevo cigarrillo apaga la ansiedad que el anterior cigarrillo generó, cumplir con el ritual de una manía también reduce la inquietud provocada por una determinada situación previa…Una circunstancia de la realidad que, sin duda, va a volver a repetirse y a través de la cual vamos a ahondar en nuestro particular círculo vicioso.

  Y es que abandonar un hábito compulsivo parece que amenaza nuestra estabilidad y nuestro equilibrio… cuando lo que de verdad nos crea la sensación de inseguridad es precisamente nuestro entramado fijo de creencias que limitan y empobrecen nuestra visión de la realidad y nuestras relaciones con el mundo.

  Pero, ¿por qué tenemos manías? Pues por lo que mantenemos el resto de hábitos en nuestra vida: porque cumplen alguna función, porque nos sirven de algún modo. Y aunque la lista de posibles razones para cada tipo de manías podría ser interminable podríamos reducir todas ellas a una fundamental: la necesidad de control de lo externo en un intento fallido de compensar desajustes internos.

  Para superar nuestras manías podemos apoyarnos en tres pilares básicos: la disciplina (estado de concentración), la distracción (estado de dispersión autocontrolada) y el sentido del equilibro (estado de autodominio personal):

SOMETERSE A LA DISCIPLINA

1. La disciplina.

  El autocontrol, el esfuerzo, la disciplina… son conceptos actualmente muy denostados porque tienden a identificarse con su extremo más radical: la autorrepresión. Pero la disciplina es a la persona lo que el molde al barro: es lo que le da forma. Y dado que sólo somos competentes en aquello que practicamos, la disciplina se convierte en la espina dorsal que vertebra nuestro poder y nuestras capacidades: una herramienta indispensable para ejercitar nuestra voluntad.

  Hay un cuento bellísimo de un hombre que se compadece de una mariposa que está tratando de salir de su capullo. El pobre señor, en su ignorancia, le facilita la salida del capullo cuando, para su sorpresa, la mariposa se queda postrada en el suelo, con las alas y las patas encogidas. El hombre, con su mejor intención, quería privarle a la mariposa de su “problema” y de lo que finalmente le privó fue del esfuerzo que le fortalecería para afrontar la vida una vez fuera del capullo… Así, las resistencias que nos impiden superar nuestras manías y limitaciones no se vencen sólo siendo conscientes de ellas, sino, sobre todo, activando nuestras fuerzas y comprendiendo que sólo el esfuerzo nos fortalece.

  De manera de para superar nuestra manías hemos de actuar, paradójicamente, como si ya las hubiéramos desterrado de nuestra vida. Así que no lo dudemos y forcémonos a la práctica, desoigamos nuestras resistencias y hagamos aflorar el poder de nuestra intención, a empujones si es preciso… Y una vez que obtengamos beneficios, el lado bueno de la disciplina saldrá a la luz; y es que la disciplina también es un hábito: cuando más se ejercita, menos cuesta ponerla en práctica.

LA DISTRACCIÓN CONTROLADA

2. La distracción.

  A veces tenemos tanto interés por conocernos a nosotros mismos, que vivimos excesivamente pendientes de los desplazamientos milimétricos de nuestro estado de ánimo. Sin embargo, para que nuestra casa sea cómoda, no podemos llenarla de espejos: también necesitamos ventanas.

  Distraerse no implica quitar importancia, sin más, a las limitaciones que tanto nos hacen sufrir, pues a todos nos cuesta darle la espalda a aquello que nos hace sentir vulnerables... e importantes. De lo que se trata es de ser conscientes de que nuestras pequeñas obsesiones son sólo la manera que tiene nuestra mente de dominarnos. No son, por tanto, nada real; sólo son reales para nuestra mente porque ella les da atención, energía y, por tanto, consistencia de realidad.

  Nuestra atención es como el foco de un teatro, que da protagonismo a aquello que ilumina. Pero no podemos olvidar que somos nosotros los que estamos detrás del foco. Y, en cualquier caso, de poco sirve, a nivel práctico, tratar de iluminar constantemente el origen y el porqué de nuestros males… Más vale centrarnos en el para qué y ver qué función cumplen las manías en nuestra vida: enredarnos y dejarnos dominar por el exterior, sentirnos importantes, desresponsabilizarnos, desatender otros asuntos esenciales, sentirnos seguros en los comportamientos conocidos, llamar la atención de otros… a veces sirven, incluso, para entretenernos (sobre todo en el caso de personas muy observadoras y analíticas).

  Cuando nos confesamos a nosotros mismos las razones que alimentan nuestras manías, las desenmascaramos y empezamos y destronarlas, pues, aunque el resultado no es inmediato, una vez que se ve la luz es imposible continuar negando la evidencia. Con la toma de conciencia y comprensión de nuestro proceso damos, pues, el primer paso.

  Pero, como decíamos, también hemos de distraernos. Distraerse no es perder el tiempo entreteniéndonos en cualquier cosa… La distracción es un arma enormemente poderosa contra las manías: consiste en que cuando nos sintamos abordados por ellas no nos resistamos, pero tampoco nos demoremos contemplándolas: dirijamos nuestro foco (nuestra atención) a cualquier actividad que nos absorba mínimamente, de manera que transformemos toda nuestra energía obsesiva en energía creadora.

  Dado que combatir frontalmente nuestras manías es inútil (pues cuanto mayor es nuestra lucha, mayor es también nuestra resistencia), utilicemos nuestra “mano izquierda”: convenzámonos de que al dejar de dedicarles tanta atención, terminarán perdiendo fuerza… como le ocurría al protagonista de “Una mente maravillosa”: sus fantasmas no desaparecieron mágicamente, pero se adueñó de ellos cuando les arrebató su poder y su consistencia de realidad.

EL SENTIDO DEL EQUILIBRIO

3. El sentido del equilibrio.

  Y, por último, acudamos a nuestro “sabio interior”. Nadie mejor que nosotros para conocernos, para reconocer con amor y humildad qué perseguimos (o qué evitamos) con nuestro comportamiento y para saber que nuestra existencia es demasiado sagrada para despilfarrarla inútilmente con pensamientos circulares y conductas obsesivas.

  Aceptemos que en el Universo hay espacio para todo y que nada humano nos es ajeno: el desorden, la impuntualidad, la suciedad, la inseguridad… todo ello forma parte de la vida y no podemos controlarlo. Pero podemos adoptar una actitud lógica, realista y equilibrada en la convicción de que para convivir realmente en libertad tanto con nosotros mismos como con los demás, se hace precisa cierta flexibilidad: recordemos que un paraguas sólo es útil porque puede abrirse y cerrarse…

* * * TEST * * *

  Imagina que te dejan por primera vez al cuidado de un cachorro. Sólo serán unos meses, pero como tu casa es muy pequeña, te planteas cómo educarle para pasar esta temporada de la mejor manera posible.

•  Lo primero que necesita el cachorro es un lugar donde estar: ¿qué estancia de tu casa eliges: el baño, la cocina, el salón, tu habitación o el balcón?

•  El perrito, en su vitalidad y aburrimiento, comienza a destrozar cosas mientras tú no estás en casa: ¿cómo reaccionas: le sigues de cerca cuando estás con él, le dejas atado todo el tiempo, tiras sin más las cosas rotas y compras otras nuevas…?

•  Llega la hora del paseo, ¿qué medidas de seguridad adoptas: no le quitas la correa, se la quitas sólo en lugares controlados…?

•  Durante el paseo, el perrito, emocionado, comienza a lamer sin control y a mordisquear a otros perros: ¿cómo te sientes: avergonzado o crees que es algo normal?

•  El dueño de otro perro del parque es adiestrador y te propone entrenar al cachorro: ¿qué le respondes?

•  Llega el momento de devolver el perrito a su dueño: ¿cómo vives ese momento: apegado porque te encariñaste o aliviado porque tu casa es demasiado pequeña para los dos?

Valoración:

  El animal en esta metáfora es la parte instintiva e incontrolable de nuestra personalidad. Además, el hecho de que sea un cachorro viene a significar la vulnerabilidad que experimentamos hacia las manías, como una parte especialmente sensible y desprotegida de nuestro ser. Por otro lado, la razón de que en la situación descrita el cachorro no sea nuestro, da a entender que nuestras manías no son en realidad algo estructural de nuestra personalidad, sino algo que adoptamos del exterior.

•  El lugar que le asignas indica tu tolerancia a las incomodidades físicas que algunas circunstancias te ocasionan. Obviamente quizá tu habitación no sea el lugar más indicado para satisfacer las necesidades del perrito, pero si has elegido como lugar definitivo el balcón es posible que tus manías relacionadas con este tipo de incomodidades sean excesivas.

•  Tu respuesta refleja tus manías en relación con el orden y el valor del dinero: ¿soportas con dificultad el desorden de los demás? ¿te cuesta desprenderte de los objetos gastados o inútiles, incluso cuando éstos no tienen un valor sentimental? ¿te cuesta gastar porque consideras, en el fondo, que el dinero es algo que hay que acumular en previsión de catástrofes futuras?

•  Nuestra manera de cuidar lo que consideramos débil ilustra, de algún modo, nuestro modo de percibir el mundo y la forma en que nos exponemos nosotros mismos a sus posibles peligros: ¿eres de los que ven el peligro en todas partes? ¿crees que eres excesivamente precavido y que eso resta espontaneidad y cierta aventura a tu vida?

•  Tu respuesta refleja tus manías respecto a temas morales. ¿Eres demasiado inflexible con las faltas de conducta ajenas? ¿crees que podrías mejorar tu tolerancia y comprensión de los errores de los demás y que esto, al mismo tiempo, redundaría en una mejor aceptación y liberación de ti mismo?

•  Esta respuesta refleja tus manías relacionadas con la perfección y con el recelo a delegar tareas en otros: ¿te cuesta delegar, a no ser que los demás se sometan a tu manera de hacer las cosas? ¿sientes que no puedes confiar en nadie porque, en el fondo, crees que la mejor forma de hacer las cosas es la tuya?

•  Tu respuesta expresa tu relación con tus propias manías: ¿te apegas a ellas y casi han llegado a convertirse en una seña más de tu identidad? ¿o estás en proceso de abandonarlas porque comprendes que no tienen cabida en tu proceso de crecimiento personal?


Viajar sin miedos

...Viajar ha pasado de ser un simple medio para trasladarnos de un lugar a otro para convertirse en un fin en sí mismo: una actividad que realizamos por puro placer.

...Pero sea cual sea nuestra posición al respecto, lo cierto es que en un momento u otro de nuestra vida a todos nos toca afrontar algún viaje. Y, aunque la perspectiva de viajar generalmente suele ilusionarnos y motivarnos, en algunas ocasiones también sentimos miedos, más o menos confesables, antes de iniciar nuestra aventura.

...A veces enmascaramos estos miedos y los “sustituimos” por otros que están socialmente más aceptados, como el miedo a montar en avión o a encontrarnos en un país cuya situación política nos parece, en algún modo, amenazante. Pero si somos honestos con nosotros mismos, tendremos que reconocer que estos miedos, en realidad, son algo más profundo y arraigado en nosotros…

...Pero así como en la vida real cuando caminamos hacia el horizonte, vamos viendo progresivamente más grande aquello que kilómetros atrás veíamos diminuto; con los miedos sucede exactamente al contrario, situándonos en una especie de “miopía espiritual”: la distancia los distorsiona y sólo en la medida en que nos acercamos y nos permitimos tomar contacto con ellos, les damos la proporción que verdaderamente merecen.

...Uno de los miedos más habituales e intensos es el miedo al idioma. Tememos no saber expresarnos ni entender lo que nos dicen. Nos aterroriza la idea de necesitar nuestra palabra y no tenerla. Es como si no conocer un idioma nos volviese mudos, discapacitados… Sin embargo, debemos recordar que expresarse es mucho más que hablar. De hecho, el investigador Albert Mehrabian afirma que cuando transmitimos un mensaje las palabras comunican un 7%, el tono de voz un 38% y el resto del cuerpo el 55% restante. Esto no quiere decir que la comunicación no verbal sea más importante, sino que todos los detalles que la integran llegan a emitir mayor cantidad de información que los argumentos que se dicen. Por tanto, no controlar totalmente ese 7% no debe impedirnos disfrutar de nuestro viaje. Es más; todos podemos participar de la experiencia de comunicarnos con alguien cuya lengua desconocemos y, sin embargo, entendernos con relativa facilidad. Y es que todo depende de aquello en lo que enfoquemos nuestra atención: en lo que nos une, o en lo que nos separa.

...Otro de los miedos más comunes es el miedo al transporte. No nos referimos, como decíamos antes, al miedo concreto a volar, por ejemplo, sino el miedo a no saber desenvolvernos en un aeropuerto o en una estación de tren de otro país. El miedo a quedarnos en tierra y no regresar puede llegar a ser tan agudo como irracional. Pero es un temor que podemos solventar fácilmente planificándonos con suficiente tiempo y, sobre todo, haciéndonos amigos del factor “aventura” que todo viaje entraña: esos giros inesperados llenos de incertidumbre, esos cambios de rumbo que escapan a nuestro control y que, sin embargo, tantas cosas valiosas pueden aportarnos…

...Pero, sin duda, el miedo más poderoso y menos confesable que puede instalarse en nosotros antes de salir de viaje es el miedo a lo diferente. Este miedo va más allá del miedo a lo desconocido, porque no sólo nos hace temer aquello que no conocemos, sino que nos predispone negativamente ante todo lo que no es afín a nuestros hábitos y a nuestra particular manera de ver el mundo. En el fondo, no es más que una profunda resistencia a cambiar: a abandonar nuestras trincheras, a dejar de ser nosotros, a perdernos entre lo nuevo y no volver a nuestra zona de comodidad y seguridad, a deshacernos de viejos roles y adoptar otros distintos… Porque, nos gusten o no, los papeles que interpretamos en nuestra vida diaria nos aportan seguridad y sensación de control; mientras que cuando salimos de viaje, al abandonar, de alguna manera, gran parte de lo que somos, podemos llegar a sentirnos inseguros, perdidos y desprovistos de poder, como si fuésemos actores a los que, de pronto, les arrebatasen su guión.

...Superar los miedos inherentes a cualquier viaje es una cuestión de confianza y apertura :

...Confianza para creer en nuestros propios recursos y fortalezas con la seguridad de que una actitud flexible y tolerante serán las claves para afrontar cualquier imprevisto y para tomar contacto con todo tipo de personas y situaciones sin desestabilizarnos.

...Y apertura para ser capaces de dejar nuestra mente absolutamente vacía de ideas preconcebidas, aunque sólo sea durante un tiempo, con el fin de permitir que otros valores y conceptos, tal vez renovados o superiores, se asienten en nuestra vida para enriquecerla y darle un nuevo sentido. Y es que los prejuicios son un pesado fardo con el que cargar en cualquier viaje, por lo que liberarnos de este equipaje inútil nos ayuda a “desaprender” lo que ya sabemos, que es una de las formas más poderosas de aprender, pues a veces la única forma de hacer sitio a lo nuevo es desembarazarse de lo viejo…

...A través de esta actitud también aprendemos a predisponernos positivamente hacia las experiencias que nos esperan. Porque de nada sirve salir de viaje con “ojos viejos”, comparando y valorando todo lo nuevo según nuestros esquemas y vivencias anteriores. Porque, en realidad, ¿para qué viajamos, en el fondo, si no es para ensanchar nuestra visión del mundo y de nuestra vida?

...Para terminar, sólo me queda añadir que un viaje no es sólo una ocasión de descanso y desconexión de nuestra vida diaria. También es una oportunidad de “autoconexión”. En este sentido, constituye un momento perfecto para romper los espejos en los que albergamos nuestro pequeño yo y abrirnos al mundo para regresar, después, más sabios y completos. Transformados, en una palabra… Porque un viaje consciente casi nunca es “solamente” un viaje, pues viajar no es sólo rebasar nuestras fronteras, sino, sobre todo, ampliarlas: descubrir que, de alguna manera, no terminamos en nuestra propia piel…

CONSEJOS PRÁCTICOS

1. SÉ CONSCIENTE.

...Toma nota de todos los miedos que afloran en tu interior antes de la partida y ponles nombre, por muy ridículos que lleguen a parecerte algunos de ellos. Necesitan manifestarse. Sólo quieren que sepas que existen y les prestes atención. Piensa que son naturales y que el valiente es el que actúa tomando nota de sus miedos.

2. IGNORA TUS MIEDOS A CONCIENCIA.

...Una vez que has tomado nota de ellos, puedes permitirte el lujo de ignorarlos. Ya sabes que están ahí, no es preciso que te quedes contemplándolos hasta el punto de bloquearte y decidir, incluso, no realizar tu viaje. Piensa en el miedo como en una molesta mosca y muéstrate dispuesto a abrir la ventana para que se vaya.

3. TOMA ALGUNAS PRECAUCIONES.

...Abrir la ventana para invitar a tus miedos a marcharse implica dos cosas: anticiparte a lo previsible y abrirte lo imprevisible. Anticípate juiciosamente, sin caer en la obsesión: ¡sólo es un viaje! Y ábrete a lo imprevisible con la certeza de que no todo lo que no se puede prever es necesariamente negativo. Piensa que puedes regresar a casa con un montón de experiencias sorprendentes y agradables que contar.

4. CONFÍA EN TUS PROPIOS RECURSOS.

...Piensa en el gran número de personas que te rodean que, es posible, estén de paso por tu ciudad. Muchas no conocerán el idioma, otras ni siquiera habrán utilizado medios de transporte similares en sus países de origen… ¿crees que sus temores e inseguridades son tan visibles e incapacitantes? Evidentemente no. Es probable que sientan miedo, pero es más probable aún que se apoyen en sus propios recursos para salir adelante.

5. PROGRAMA UN TIEMPO PARA ACTIVIDADES NO PROGRAMADAS.

...Deja guardado el plano y empieza a utilizar tu brújula interior. Permite que tu viaje te enseñe lo que necesitas aprender. Y no seas esclavo de tu propio plan: deja que afloren tus apetencias e inclinaciones naturales. De lo contrario, un viaje no será más que una obligación más que realizas en otro lugar.

6. ÁBRETE AL CONOCIMIENTO.

...¿Viajas por obligación, por placer, por necesidad de descanso o quizá por una necesidad de encontrarte contigo mismo? Quizá tu viaje no tenga ningún propósito más allá del turístico, pero, en cualquier caso, vivir una actividad extraordinaria puede enseñarte cosas que no esperabas: ábrete a incorporar en tu vida nuevos conocimientos, nuevas actitudes, nuevas ideas…

7. ATERRIZA PLENAMENTE.

...Despójate de tu ser conocido por unos instantes. Suéltate, despréndete de lo viejo para hacerle sitio a lo nuevo. Si vas a un lugar nuevo, pero tu atención sigue puesta en tu lugar de origen, el viaje sólo te servirá para comparar y evaluar, para confirmar o descartar tus sospechas… pero nunca para descubrir.

8. DÉJATE CONTAMINAR.

...Viajar exige flexibilidad y tolerancia hacia lo diferente. Si sólo viajamos para cambiar de escenario, regresaremos tal cual nos fuimos. Y si no permitimos que las experiencias, colores y sabores que vivimos nos “calen” de alguna manera, el resultado es antinatural, ya que no estamos permitiendo a la vida que nos ayude a seguir aprendiendo y desarrollándonos.

9. ÁBRETE A LA TRANSFORMACIÓN.

...No es un tópico: un viaje puede cambiarte la vida. Viajar es una metáfora más que obvia del propio vivir. Es como vivir una pequeña existencia, diferente a la que ya conocemos, en sólo unos días. En un breve espacio de tiempo se concentran tantos acontecimientos diferentes que, por fuerza, resultan significativos. Concédeles el valor que tienen y conviértete en un canal abierto por el que pasan todas estas vivencias, para constatar qué quedó de ellas dentro de ti una vez que llegues a casa.

Seis pasos para ser más positivos

...Cuenta una historia que un hombre contrató a un carpintero para ayudarle a reparar una vieja granja. El primer día de trabajo fue muy duro porque se le estropeó el serrucho y, para colmo, su camioneta se negaba arrancar. Por ello, el patrón se ofreció a llevarle a casa. Cuando llegaron el carpintero le invitó a conocer a su familia, pero antes de llamar a la puerta, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos…
...Tras los respectivos saludos, el carpintero acompañó al patrón, de nuevo, a su coche y éste sintió curiosidad por lo que había hecho al pasar junto al árbol.
- “Ése es mi árbol de los problemas” – dijo el carpintero – “Sé que no puedo evitar tenerlos, pero lo único que sé es que los problemas no pertenecen ni a mi casa ni a mi familia. Así que los cuelgo en el árbol cada noche y a la mañana siguiente los recojo”.
... Y añadió sonriendo: “Lo bueno es que cuando salgo a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior…”.

1. ENCUENTRA TU "ÁRBOL DE LOS PROBLEMAS"

...Busca un símbolo que te ayude a tomar conciencia de todo aquello que desearías que dejara de hacerte sufrir y utilízalo cada día para descargarte y “limpiarte” de toda la basura acumulada en tu mente. Reconoce que no todas las ideas que genera tu cerebro son dignas de tener en cuenta y libérate de ellas decidiendo no prestarles atención, aunque sólo sea por unos instantes.

2. CREA NUEVAS SENDAS.

...Las emociones y conductas que enturbian tu vida provienen de ideas y creencias firmemente arraigadas que incluso crearon sus propias conexiones neuronales asociadas. Acepta el desafío de modificar, incluso, algunos aspectos de tu cerebro físico tratando de ser tú quien decida sobre aquello en lo que quieres pensar y no permitiendo que tu mente te lleve por los trillados caminos de siempre.

3. PROHÍBETE QUEJARTE.

...Sí, así de radical: censura la queja improductiva, expúlsala de tu vida. Decía el escritor francés Caballero de Bruix que “no se ha llegado al colmo del dolor cuando se tiene aún fuerza para quejarse”. Así que, teniendo en cuenta que la queja retroalimenta y perpetúa tu sufrimiento y que para quejarse también necesitas cierta energía vital, pregúntate qué sentido tiene desperdiciarla cuando podrías emplearla en otras cosas más beneficiosas.

4. POSITIVIZA TU LENGUAJE.

...Dentro del Noble Óctuple Sendero que, según el budismo, lleva al cese del sufrimiento, se encuentra la Recta Palabra, que consiste en abstenerse de emplear formas de lenguaje erróneas y perniciosas y cultivar palabras benévolas, significativas y útiles. Y es que el lenguaje no sólo expresa el pensamiento, sino que también lo genera. Por tanto, observa tu lenguaje y trata de aplicar esta Recta Palabra no sólo en tu relación con los demás, sino también contigo mismo y con todos los aspectos de tu vida.

5. DÉJATE CONTAGIAR.

...Sé permeable a todas las cosas positivas de tu entorno y de los demás. Haz el esfuerzo consciente de dirigir tu atención hacia todo aquello que te resulta bueno o hermoso. Sólo es cuestión de abrirte y de abandonar las trincheras de tu apego al dolor. Con un poco de práctica y la firme intención de ver la rosa, antes que sus espinas, aportarás a tu vida espontaneidad, ligereza y alegría.

6. PRACTICA LA ECUANIMIDAD Y LA RESISTENCIA.

...En los malos momentos recuerda que “resistir es vencer”. Dado que la vida es cíclica y que no puedes aferrarte a los momentos placenteros y evitar los dolorosos, acepta esta inevitable impermanencia y todas las cosas que no puedes cambiar, tratando de relativizarlas. Y cuando el péndulo de tu existencia esté en su punto más bajo, recuerda que ha de pasar justo por ahí para volver a ascender…

 


© Descubriendonos.com · 2006-2008
España ·
info@descubriendonos.com