.. .....

Sobre la autora
Libros
Artículos publicados
Pensamientos
Regalos para crecer
Enlaces
CONTACTO


La aceptación: Ser un Maestro
La elección de los sentimientos:
... ."Arreglando" la mente
El esfuerzo: La lección de la mariposa
El desapego: Vivir como las flores
El dolor: Las perlas
La perseverancia: No te rindas
El desapego (2): El árbol de los
.... problemas
Creciendo en la dificultad: Sacude la
.... tierra
Reconceptualizando viejos términos:
.... ¿Sabes cómo llamarle?
Un verdadero maestro: La liebre y el
.... hurón
Una zanahoria, un huevo y unos
.....
granos de café .NUEVO!

 

 

Afrontando la adversidad

 

La aceptación: Ser un Maestro

...Un gran maestro sufi del pasado a quien se le preguntó en una ocasión que era ser un Maestro contestó: “Ser un Maestro es un sentimiento de gozo cuando llega una contrariedad repentina. Un maestro nunca se siente herido por la manera en la que la vida le sucede. Si sus planes y sus sueños no pueden realizarse, él agradece a Dios y acepta lo que se le concede, con un invariable estado de amor, gratitud, gozo y alegría. Él sabe que siempre recibe, quizás no en la manera en que espera, lo que necesita en ese momento para acercarse a Dios".

La elección de los sentimientos: "Arreglando" la mente

...Una señora muy mayor y casi ciega que había enviudado recientemente después de setenta años de feliz matrimonio, se mudó a un asilo de ancianos. Después de horas de paciente espera en la recepción, sonrió dulcemente cuando la avisé de que su habitación estaba lista. Mientras ella maniobraba en su andador hacia al ascensor, yo le daba una descripción detallada de su pequeño cuarto, incluyendo las sabanas y cortinas que habían sido colgadas en su ventana.
..."Me encantan", dijo ella con el entusiasmo de un chiquillo ante un cachorro. “Señora”, repliqué, “aún no ha visto su habitación… espere a verla”. "Eso no tiene nada que ver", dijo ella. "La felicidad es algo que uno decide con anticipación. El hecho de que me guste mi cuarto o no me guste, no depende en cómo esté arreglado, depende de cómo yo arregle mi mente. Ya había decidido de antemano que me encantaría". Es una decisión que tomo cada mañana al levantarme… Estas son mis posibilidades: puedo pasarme el día en cama enumerando las dificultades que tengo con las partes de mi cuerpo que ya no funcionan, o puedo levantarme de la cama y agradecer por las que si funcionan… La vejez es como una cuenta bancaria: uno extrae lo que ha depositado en ella".

El esfuerzo: La lección de la mariposa

...Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo. Un hombre se sentó y observó por varias horas como una mariposa se esforzaba para que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero. Entonces, pareció que ella ya no lograba ningún progreso. Parecía que ella había ido lo más lejos que podía en su intento y no podía avanzar más.
...Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa: tomó una tijera y cortó el resto del capullo, con lo que la mariposa salió fácilmente. Pero su cuerpo estaba atrofiado, era pequeño y tenía las alas aplastadas. El hombre continuó observándola porque él esperaba que, en cualquier momento, las alas de ella se abrirían y se agitarían para ser capaces de soportar el cuerpo, el que a su vez, iría tomando forma.
...¡Nada ocurrió! En realidad, la mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo deforme y alas atrofiadas. Ella nunca fue capaz de volar.
...Lo que el hombre, en su gentileza y voluntad de ayudar no comprendía, era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de la pequeña abertura, era el modo por el cual la Vida hacía que el fluido del cuerpo de la mariposa llegar a las alas, de tal forma que ella estaría pronta para volar a su vez que estuviera libre del capullo.
...Algunas veces, esfuerzo es justamente lo que precisamos en nuestra vida. Si se nos permitiera pasar a través de nuestras vidas sin obstáculos, él nos dejaría lisiados. No seríamos tan fuertes como podríamos haber sido nunca podríamos volar.

"Pedí fuerzas… y me dieron dificultades para hacerme fuerte.
Pedí sabiduría… y me dieron problemas para resolver.
Pedí prosperidad… y me dieron un cerebro y músculos para trabajar.
Pedí coraje… y me dieron obstáculos que superar.
Pedí amor… y me dieron personas a las que ayudar.
Pedí favores… y me dieron oportunidades.
No recibí nada de lo que pedí… pero recibí todo lo que precisaba".

El desapego: Vivir como las flores

- Maestro, ¿qué debo hacer para no quedarme molesto?... Algunas personas hablan demasiado, otras son ignorantes. Algunas son indiferentes. Siento odio por aquellas que son mentirosas y sufro con aquellas que calumnian.
- ¡Pues, vive como las flores!, advirtió el maestro.
- Y ¿cómo es vivir como las flores?, preguntó el discípulo.
- Pon atención a esas flores -continuó el maestro, señalando unos lirios que crecían en el jardín.
Ellas nacen en el estiércol, sin embargo son puras y perfumadas. Extraen del abono maloliente todo aquello que les es útil y saludable, pero no permiten que lo agrio de la tierra manche la frescura de sus pétalos.
Es justo angustiarse con las propias culpas, pero no es sabio permitir que los vicios de los demás te incomoden. Los defectos de ellos son de ellos y no tuyos. Y si no son tuyos, no hay motivo para molestarse...

El dolor: Las perlas

...Las perlas son producto del dolor... resultado de la entrada de una sustancia extraña e indeseable en el interior de la ostra, como un parásito o un grano de arena. Cuando éste penetra en la ostra, las células de nácar comienzan a trabajar y cubren el grano de arena con capas y capas y más capas de nácar para proteger el cuerpo indefenso de la ostra. ...Como resultado, se va formando una hermosa perla.
...Una ostra que no ha sido herida, no puede producir perlas porque las perlas son heridas cicatrizadas...
...¿Tienes una herida que te causa mucho dolor? Entonces produce una perla. Cubre cada una de tus heridas con varias capas de amor. La mayoría sólo aprende a cultivar resentimientos dejando sus heridas abiertas... alimentándose con sentimientos pobres, que impiden que las lesiones cicatricen.
...En la vida vemos muchas “ostras vacías” no porque no hayan sido heridas, sino porque no supieron perdonar, comprender y transformar un dolor en amor. Vale la pena sonreir ante las heridas que recibimos como un medio de crecimiento personal.

La perseverancia: No te rindas

...Cuando la suerte sólo muestre su cara altiva
y el camino que elijas resulte cuesta arriba,
cuando el dinero sea poco y las deudas muchas,
cuando parezca difícil continuar la lucha
y te agobie el temor que la duda siempre brinda:
descansa si es preciso, pero nunca te rindas.
...Recuerda que en la vida siempre hay altos y bajos
y sólo ascenderá quien comience desde abajo.
Todos aquellos que se declararon vencidos
podrían haber ganado de haberse mantenido.
No te rindas. Aunque la victoria esté lejana,
otro esfuerzo puede hacerlo realidad mañana.
...El final está más cerca de lo que parece.
Nunca es más negra la noche que cuando amanece.
Generalmente el luchador que se ha retirado
lamenta aquel triunfo que pudo haber alcanzado.
Pues el éxito no es más que el revés del fracaso
y del fracaso al triunfo suele haber sólo un paso.
...Por ello, cuando más adversa sea tu suerte,
cuando la vida misma te golpee más fuerte,
cuando todo parezca resultar imposible,
continúa tu trabajo infatigable, impasible,
sin vacilar un momento ni una duda sentir,
pues entonces es cuando menos te debes rendir.

El desapego (2): El árbol de los problemas

...El carpintero que había contratado para ayudarme a reparar una vieja granja acababa de finalizar un duro primer día de trabajo. Su cortadora eléctrica se dañó y lo hizo perder una hora de trabajo y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar. Mientras le llevaba a su casa, se sentó en silencio.
...Cuando llegamos, me invitó a conocer a su familia. Mientras nos dirigíamos a la puerta de su casa, se detuvo brevemente frente a un pequeño árbol, tocando las puntas de las ramas con ambas manos.
...Cuando se abrió la puerta, el rostro de aquel hombre se transformó, sonrió, abrazó a sus dos pequeños hijos y le dio un beso a su esposa.
...Luego me acompañó hasta el coche.
...Cuando pasamos cerca del árbol, sentí curiosidad y le pregunté por lo que lo había hecho un rato antes.
-¡Oh!, ese es mi árbol de problemas - contestó - Sé que no puedo evitar tener problemas en el trabajo, pero una cosa es segura: los problemas no pertenecen a la casa, ni a mi esposa, ni a mis hijos. Así que simplemente los cuelgo en el árbol cada noche cuando llego a casa. Luego, a la mañana siguiente, los recojo otra vez.
Y añadió sonriendo: "Lo bueno es que cuando salgo por la mañana a recogerlos, no hay tantos como los que recuerdo haber colgado la noche anterior".

Creciendo en la dificultad: Sacude la tierra

...Un viejo burro cayó en un pozo abandonado. Ante los gritos desesperados del animal, acudieron varios curiosos que, al asomarse, decidieron que era más costoso sacar al animal de allí que echarle tierra encima para enterrarle y poner fin a su desdichada situación.
...Pero cuando comenzaron a echar las primeras palas de tierra comprobaron con asumbro que, a medida que la tierra caía sobre su cabeza, el burro la sacudía y la iba acumulando en el fondo, mientras ascendía y ascendía hasta la superficie...

Reconceptualizando viejos términos : ¿Sabes cómo llamarle?

...¿Sabes cómo llamarle?
A eso de caer y volver a levantarte, de fracasar y volver a comenzar, de seguir un camino y tener que torcerlo, de encontrar el dolor y tener que afrontarlo… a eso, no le llames adversidad: llámale SABIDURÍA.
A eso de sentir la mano de Dios y saberte impotente, de fijarte una meta y tener que seguir otra, de huir de una prueba y tener que encararla, de planear un vuelo y tener que recortarlo, de aspirar y no poder, de querer y no saber, de avanzar y no llegar… a eso, no le llames castigo: llámale ENSEÑANZA.
A eso de pasar días juntos radiantes, días felices y días tristes, días de soledad y días de compañía… a eso, no le llames rutina: llámale EXPERIENCIA.
A eso de que tus ojos miren y tus oídos oigan, y tu cerebro funcione y tus manos trabajen, y tu alma irradie y tu sensibilidad sienta, y tu corazón ame… a eso, no le llames poder humano: llámale MILAGRO.

Un verdadero maestro: La liebre y el hurón

...Estaba una liebre acorralada en su madriguera por un hurón. Agotados por el esfuerzo, se sentaron a dialogar sobre las razones de ambos.
- Mi queja - respondió la liebre - es que mi maestra me enseñó las artes de construir una madriguera segura y al abrigo de cualquier invasor. Y mi desgracia es que tú hayas hecho de esta seguridad mi propia trampa. Antes de prenderme, dame una razón para mis hijos.
- La razón - dijo el hurón - es que un verdadero maestro no es el que te da seguridades, sino quien te muestra la absoluta inseguridad de todo cuanto te rodea. Así pues, tu verdadero maestro soy yo.

Una zanahoria, un huevo y unos granos de café

Una joven fue a hablar con su madre y le contó lo difícil que le resultaba sobrellevar los problemas diarios de su vida. No sabía cómo hacerse con todo y quería tirar la toalla. Estaba cansada de luchar y sufrir. Al parecer según solucionaba un problema, le surgía otro a continuación.
Su madre la llevó a la cocina, llenó de agua tres cacerolas y las puso a calentar con el fuego subido. En seguida empezaron a hervir. En la primera cacerola echó zanahorias, en la segunda huevos y en la última puso granos de café molidos. Esperó el punto de ebullición sin decir palabra. A los veinte minutos apagó los fuegos, retiró las zanahorias y las colocó en un cuenco. Luego sacó los huevos y los colocó en otro cuenco. Finalmente hizo lo mismo con el café molido en un recipiente diferente. Se volvió a su hija y le dijo: “Dime lo que ves”.
“Zanahorias, huevos y café”, respondió.
Su madre la acercó a los cuencos y le pidió que tocara las zanahorias. Así lo hizo y notó que estaban blandas. Después la madre le pidió que cogiera un huevo y lo rompiera. Al quitarle la cáscara tenía en la mano un huevo duro. A continuación la madre le pidió que probara el café. La joven sonrió a medida que saboreaba su fragante aroma. Al terminar de beber preguntó a su madre: “¿Qué significa todo esto, mamá?”
La mujer le explicó que cada uno de estos alimentos habían experimentado la misma adversidad: agua hirviendo. Cada uno había reaccionado de forma distinta. La zanahoria entró fuerte, dura e implacable, sin embargo por efecto del agua hirviendo se ablandó. El huevo crudo era frágil pero tras el proceso de  hervido su interior se había endurecido. Sin embargo los granos de café molidos eran especiales. Después de estar en el agua hirviendo, cambiaron el agua.
“¿Cuál de ellos eres tú?”, le preguntó a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo reaccionas? ¿Como una zanahoria, un huevo o como un grano de café?”
Pregúntate: ¿Soy la zanahoria que parece fuerte pero con el dolor y las dificultades me ablando y pierdo mi fortaleza?
¿Soy el huevo que empieza con un corazón maleable pero cambia con el calor? ¿Tenía un espíritu versátil pero tras la pérdida de un ser querido, una ruptura, un problema financiero u otra dificultad, me he endurecido y vuelto inflexible? ¿Tal vez por fuera parezco la misma pero por dentro estoy amargada con un espíritu rígido y un duro corazón?
¿O tal vez soy un grano de café? El grano cambia el agua caliente, justo lo que causa el dolor. Cuando el agua se calienta, despliega su aroma y sabor. Si eres como un grano de café, cuando las cosas están muy mal, te haces mejor persona y cambias la situación a tu alrededor. Cuando estás en el peor momento y las dificultades son complicadas ¿te sirve para crecer?
¿Cómo te las apañas en la adversidad? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?

 


© Descubriendonos.com · 2006-2008
España ·
info@descubriendonos.com